Los cuadros de esta serie tienen, como otros, un motivo figurativo inscrito: algún paisaje de los pinos de los bosques de alrededor de casa.
Empezaron a formarse en Bilbao, en el Guggenheim, visitando la exposición de Francis Bacon. Entré a la exposición por la última sala, la que mostraba las últimas obras. No es en que me equivoqué en el recorrido, pués la última sala se ve un poco cuando subes las escaleras (normalmente la gente sube con ascensor), y me parece que, de lejos del pasillo, el primer cuadro que vi fue Estudio por el retrato de John Edwards de 1984, una tela grande de 198x1475cm (sin marco).
Al pintar nunca se parte de una idea. Se parte de una emoción. La emoción crea un interés, y de este interés surge una idea.
Sea como sea, caminé derecho hacia el cuadro, hasta quedar totalmente fascinado delante suyo. De hecho, la única figura que aparece, sentada y ante una especie de marco sencillo, no me interesaba mucho; era la potencia, la contundencia del conjunto lo que me maravillaba, después miré el resto de la sala, colores lisos, brillantes y con unos marcos especiales dorados que iban perfectos.
Esta pintura de Bacon tiene una fuerza más allá de ella misma. Sin tener nada que ver con él, la relacioné enseguida con Cocó Chanel, las ropas y bolsos que este tipo de alta sociedad sofisticada utiliza, este rosa lo ha empleado mucho, de hecho, la sala donde estaba la pintura, compartía lugar con otros que también eran de la última época. Toda la pintura postrera de Bacon tiene un no sé qué extremadamente elegante, contundente y bestia. Todo ello, en ese momento emocionado, decidí que tenía que hacer yo una pintura con ese color. No lo podía dejar pasar, me era imprescindible. Después vino el motivo inscrito en la pintura; ya hacía varios años hice algo parecido sobre un fondo ocre trabajado, pinté unos paisajes de aquí, alrededor de su casa. Añadí una caligrafía, unos versos de Catulo que los uní con mis paisajes. De todos modos, esta serie nueva, es diferente, ya que el color es más atrevido, en fin, pinté y salió esto.
Podemos hablar de pintura tanto como queramos, y a mí me gusta, pero el hecho de pintar no se puede explicar, sigue siendo un misterio. Toda pintura es un misterio.




