Los hice sin pensar demasiado, libremente, sin demasiadas ideas previas. Salieron como salieron.
Son la versión del retrato que hizo Velázquez de Góngora (le hizo tres muy similares)
Esta versión que me sirvió de modelo es la del Museo de Boston que pintó hacia el 1622. Ya la había visto en la gran exposición de Velázquez del museo de Prado; era un cuadro impresionante, casi cezanniano, pues la cara está toda compartimentada geométricamente en diferentes planos y diferentes colores.
A mí me gusta Velázquez y me gusta Góngora, dos nombres esdrújulos.
Excepto el posado de Góngora, no utilicé mucho más del retrato de Velázquez. Me sirvió de punto de partida, de referencia, sin querer saber nada de las cuestiones geométricas.
Como ya he dicho, mis versiones son «sui generis» sólo por el hecho de hacer las caras, lo que me hace disfrutar mucho.



